Lunes 20 de Febrero de 2012 00:00
Una experiencia burgalesa
En el último fin de semana de octubre, lo que se suponía iba a ser una escapada sin más para ver a unos amigos, se convirtió en un auténtico descubrimiento de hospitalidad, paisajes y gastronomía. Burgos a medio camino de Bilbao, de donde son nuestros amigos, y de Madrid, fue el lugar elegido para vernos.
La elección del pueblo de Puentedura y en concreto el Hotel Bioclimático Sabinares del Arlanza fue por su precio y sobre todo por que queríamos tranquilidad en el emplazamiento de este precioso alojamiento rural.
Llegamos el sábado a Puentedura, fácil de llegar donde apenas tardamos 2 horas de viaje desde Madrid. La salida es en Lerma (A-1) y luego son unos 18 km hasta llegar al hotel. Nos recibieron en el mismo parking del hotel rural donde desde el primer momento tuvimos muy buena impresión haciéndonos sentir desde que nos instalamos como en casa. Buenas y bonitas instalaciones, cada habitación esta decorada de distinta manera, y como ya os digo la tranquilidad es absoluta, ni el más mínimo ruido que no sea de algún animal, ya sea salvaje o de alguno de los que ellos tienen ahí. Tras ponernos un poco al día con la zona, nos recomendaron ir a comer a Covarrubias, lugar que además ninguno de nosotros conocíamos. Llegamos rápidamente a nuestro primer destino ya que apenas dista del hotel en 8 km, y nos dirigimos a la plaza del pueblo, que siempre es referencia para cualquier sitio nuevo. En el hotel nos recomendaron dos restaurantes y nos decidimos por el que mas nos llamó la atención, tanto por precio como por la calidad de su aperitivo cuando decidimos pedir algo para beber. Casa Galín es el nombre de este restaurante que estaba lleno por ser sábado y por hacer un día brillante, con una temperatura que parecía mentira estando en Burgos. La elección en la carta es suficientemente variada. Hay ensaladas y diversos entrantes pero yo siempre recomiendo comer platos y viandas típicas de la zona. En nuestro caso comenzamos con un plato de alubias tintas para compartir, que no nos dejaron indiferentes. Ya en Euskadi tuvimos la oportunidad, con los mismos amigos, de probar una famosa "alubiada" e incluso ellos pensaban que era difícil de superar, pero en esta caso lo supero y con creces. La alubia tinta estaba perfectamente cocinada, ya que no se despellejo ni se quedo demasiado dura, y el compango era una autentica delicia. Para segundos elegimos asados de cordero, preparados en horno de piedra y una carne a la plancha, ambos igual de buenos, pero no tan sorprendente como nuestro entrante. Tuve la oportunidad de beber por primera vez los vinos de la Ribera de Arlanza. Probé sobre todo vinos jóvenes y comentar al respecto que incluso el hotel rural prepara catas con algunas bodegas de la zona. Tras la abundante comida, decidimos acercarnos a un pueblo, o aldea, ya que apenas posee más de 20 casas, que se llama Ura y que esta a unos 5 km del hotel donde la carretera te lleva directamente del centro del pueblo. Ahí nos recomiendan caminar por un sendero y las vistas he de decir que fueron espectaculares y vinieron muy bien para bajar la comida y prepararnos para la cena.
Las cenas del sábado y el domingo decidimos hacerlas en el hotel por comodidad y porque tras nuestra primera cena ahí, ¡no nos íbamos a perder la del día siguiente! Karen, nos preparó como primer plato una sopa de cebolla y de segundo una merluza en papillote que he de decir que estaba realmente jugosa. Tuve la oportunidad de probar con mas calma un vino de la zona que se llama Cascajuelo, de la añada de 2010, un vino por tanto joven y aunque no soy amante de vinos jóvenes, puedo decir que me gusto bastante. El domingo por la mañana tras el abundante desayuno con pan y miel de la zona nos fuimos en el coche hacia Santo Domingo de Silos y ahí disfrutar del pueblo. Para comer, nos dijeron de ir a un pueblo que se llama Mecerreyes y acercarnos al Mesón Frutos, regentado por el carnicero del pueblo y reconocible por el gran cartel de nitrato de Chile que tiene en su fachada principal. Esta es la razón por la que el restaurante es tan barato y esta siempre lleno. El menú consiste en unos entrantes de chorizo, jamón, lomo y salchichón. También una ensalada verde y unos espárragos blancos con pimientos de piquillo. Y tras estos ligeros entremeses, comenzó lo bueno. Una larga serie de platos de carne a la plancha que no paran hasta que tu no dices lo contrario. Todo esto con la bebida incluida y el postre, por solo 20€ por cabeza.
Y yo pensaba que estas cosas ya no existían en España, y la sorpresa fue mayúscula sobre todo por la calidad de todos los platos. La cena en el hotel intentamos que fuese un poco ligera y tras una ensalada mixta comimos un plato de huevos fritos con patatas, como ya digo una cena ligera. Los huevos increíbles ya que son de su propia granja y tenían un sabor que pocas veces tenemos la oportunidad de catar en las grandes ciudades. El domingo nos invitaron a dar un paseo por las instalaciones del hotel y nos contaron las razones que sea bioclimático, algo realmente interesante. En definitiva, os recomiendo que acudáis a esta zona de Burgos y que como yo os dejéis llevar y sorprender por sus gentes que ante todo son muy hospitalarias. Y si decidís al igual que yo, ir al mismo alojamiento, no dejéis de conocer a Virutas y Balú, el burro y el enorme mastín que viven con ellos. Si vais con tiempo y sois amantes del vino, acercaros a una o varias bodegas, y dejaros llevar por los placeres del vino acompañado todo de la gastronomía del lugar.
José Luis G. Vierecker


